Estuve insistiendo por meses para poder concretar una cita con Katherine y para lograrlo tuve que darme maña, hacer uso de mis mejores trucos, siempre buscando la forma de sorprenderla. La competencia en la oficina por conquistarla era notoria y no es que fuera una mujer con encantos sobrenaturales ni nada por el estilo, sencillamente generaba una atracción en los hombres difícil de describir. Me pasaba que cuando estaba cerca suyo no podía dejar de imaginármela como la protagonista de mis fantasías sexuales, provocando que todos y cada uno de mis actos frente a ella fueran los de un estúpido.
¿Por qué los hombres nos ponemos así cuando estamos frente a una mujer que nos atrae y que genera cierto nivel de excitación en nosotros? Una vez leí una teoría al respecto que analiza esta situación desde un punto de vista biológico. El cerebro humano cuando deja de percibir la cantidad necesaria de oxigeno comienza a funcionar a menor capacidad, si sabemos que cuando estamos excitados una gran cantidad de sangre se hospeda en los vasos sanguíneos del pene y que es la sangre la encargada de enviar dicho oxigeno hacia el cerebro, tenemos la respuesta a nuestro enigma.
Puede que pienses que me pasa lo mismo con todas y cada una de las mujeres con las que me cruzo por la vida, y entiendo que pienses de esa forma de alguien que escribe historias de encuentros eróticos en un blog, pero la realidad es otra, Katherine era especial, tenía una sensualidad a flor de piel, su cuerpo, sus gestos, todo en ella era invitación a la lujuria , por lo menos para mí y palabra de boy scout que no me sucede esto con mucha frecuencia, no hay muchas Katherine por ahí.
Ella estaba preocupada porque alguien se enterara de que saldríamos juntos, así que nos pusimos de acuerdo en que al salir me esperaría en un local cerca de la oficina mientras yo me quedaría por lo menos media hora más inventando algún pretexto, así nadie sospecharía nada.
Cuando llegue al restaurant ella estaba sentada de espaldas a la calle, mirando despreocupada los retratos que colgaban de los muros y con especial atención el de Marilyn Monroe, con un escote de similares características al que ella misma usaba en ese momento y enviando un beso a quien tomaba la fotografía, dando la impresión de que era uno el privilegiado que recibía la atención de esos labios.
-Te demoraste Raúl
-Sí, disculpa, es que María no encontró nada mejor que pedirme ayuda para solucionar un problema con su impresora y no tuve más remedio que acceder
-¿María la de costos?
-Sí, ella misma
-Es una zorra, se hace la mosca muerta, pero se acuesta con el marido de su mejor amiga, ella misma me lo contó en la fiesta de año nuevo pasada
-Mira tú ¿Son confidentes ustedes dos?
-No, para nada, la verdad creo que le caigo mal
-¿Cómo es posible que una persona le haga una confidencia de ese estilo a otra si no es su amiga?
-Es posible eso y mucho más cuando hay alcohol de por medio- y dicho esto me regalo una sonrisa pícara mientras apagaba el cigarrillo
-¿Prefieres que nos vayamos a otro lugar o pedimos algo de tomar?
Decidimos pedir algo de beber y picadillos, mientras hablábamos de aquello y lo otro, tu sabes, eso de arreglar el mundo. Era la primera vez que tenía la oportunidad de conversar con Kathy sin que nadie nos interrumpiera y me costaba un mundo poder explicarle lo que por ella sentía, las cosas que me pasaban cuando estaba cerca suyo, resumiendo, tratar de ser más conquistador y no desperdiciar esta oportunidad que se me presentaba.
Creo que ella también lo sentía de esa forma, porque a medida que iba pasando el tiempo, se ponía más fría, menos receptiva. Así que recurrí a la táctica que usan la mayoría de los galanes de cuarta categoría, el sucio pero efectivo uso del alcohol y como ya tenía el antecedente de que ella consumía, no era algo muy complejo de hacer.
Pasaba ya la media noche cuando por fin pude plantear lo que tanto quería
-Sabes Kathy, me gustas desde que te vi por primera vez, aún recuerdo mi primer día en la oficina y la forma en que nos presentaron- Ella me miro con esos grandes ojos y dubitativa quiso que le relatara como había sido porque ella no lo recordaba (es increíble lo curiosas que son las mujeres)
-Llevabas puesta una blusa con un escote similar al que llevas ahora, la blusa era roja, de un rojo intenso. Tu falda era negra, corta pero sin alcanzar a ser minifalda. Estabas sentada sobre un escritorio, conversando con el Jaime cuando nos presentaron, sonreíste y quede pegado mirando tus piernas por un tiempo más allá de lo prudente, hecho que aprovecho el Jaime para hacer un chiste de esos que siempre hace, desubicado y dejarme en vergüenza
-¿Que chiste fue ese?
-Algo sobre lo caliente que era el nuevo compañero, por mí, no lo recuerdo con exactitud en verdad, creo que habló del calentamiento global.
-Ja ja ja ja ja. Mira quién habla de caliente, si siempre que puede me dice cosas subidas de tono en la oficina. ¿Sabes, es algo tarde y creo que es mejor que nos vayamos Raúl?- Dijo esto con total seguridad, tanto que no pude llevarle la contraria
Caminamos hasta la avenida, yo derrotado por no poder llegar mas lejos con ella y ella despreocupada. Entonces sucedió algo inesperado, ella metió su mano dentro de mi chaqueta, buscando la mía. Ambas manos en el bolsillo se frotaban como si tuvieran vida propia, siendo un preámbulo de lo que pasaría en su departamento mas tarde.
Al entrar me abalancé sobre ella sin pensarlo dos veces, busqué su boca con la mía y le di el beso que desde hace tanto tiempo deseaba, mientras mis manos la recorrían sin pausas. Ella se dejó por un momento y me detuvo
- Tontito, no te apresures, tenemos toda la noche para disfrutar, vamos con calma
Me condujo de la mano hasta su dormitorio, invitándome a ponerme cómodo mientras ella iba al baño. Al salir llevaba puesta solo su ropa interior, unos sostenes de color azul con encajes y pantaletas del mismo color.
Yo estaba recostado sobre la cama, me había quitado la camisa y llevaba puesto solo los pantalones y mi ropa interior. Ella se acerco gateando hasta quedar justo frente a mi lado y esta vez fue ella quien tomando la iniciativa me dio un acalorado beso.
Intenté acariciarla, pero se fue alejando, sin dejar de besarme. Poco a poco fue bajando, pasando sus labios por mi cuerpo, partiendo desde la boca hasta llegar a la hebilla del cinturón. Con habilidad bajó el cierre de mi pantalón y metió su mano dentro para acariciar mi pene, que ya estaba duro desde antes de entrar a su departamento. Sin perder más tiempo se apresuró en desnudarme y de rodillas frente a mí, sin dejar de mirarme fijamente, comenzó a besarme y chuparme el miembro. Su lengua bajaba y subía desde mis testículos hasta el glande, para luego meterse todo el pene en la boca subiendo y bajando su cabeza rítmicamente, de vez en cuando se detenía y besaba mi pene a todo lo largo, para volver a meterlo en su boca y continuar mamando.
-Por favor, detente, acabare en tu boca
-Eso quiero, hazlo.
Pedir que se detuviera fue provocarla, su cabeza subía y bajaba frenéticamente, con mi pene dentro de su boca hasta la mitad y su mano masturbándome con fuerza desde la base hasta chocar contra sus labios. Fue cosa de minutos para que lograra lo que deseaba, entre espasmos y con la respiración agitada me hizo acabar dentro de su boca. No dejó ni una sola gota fuera, saboreando su premio con una dedicación que no me había imaginado ni en mis mejores fantasías
-Ahora te toca a ti Raúl.
Dicho esto se puso de espaldas sobre la cama, abriendo sus piernas y mientras se acariciaba con la palma abierta por sobre las pantaletas, me pedía que la lamiera, con su voz en tono suplicante.
Decidí copiar su misma estrategia y partí besándola tiernamente sobre los labios, mis manos acariciaban su cuerpo tenso y ansioso, nuestras lenguas copulaban dentro de nuestras bocas, mientras su respiración iba en aumento y su cuerpo, sudoroso, me invitaba a recorrerlo.
Seguí bajando, besando su cuello y sus brazos, con una mano subí sus sostenes hasta el cuello para dejar campo abierto a mi lengua, sus pezones tenían la forma y rigidez de un toperol. Me gustaba el sabor de su cuerpo, dulce y salado a la vez.
Mi mano derecha sabia de lo ansiosa que estaba, su ropa interior estaba tan húmeda que se pasaba a través de la tela y ya tenia la mano mojada por sus fluidos. Bajé rápidamente con mi lengua, desde sus tetas hasta su ombligo y mientras seguía la marcha de beso en beso, con mis manos la desnudé completamente.
Antes de llegar hasta su concha, ella ya estaba gimiendo, pidiendo más y mas Me enderecé para penetrarla, pues con tanto juego tenia nuevamente una erección.
-No quiero que me lo metas aun, chúpamela, chúpamela hasta acabar- me dijo entre gemidos y quejas de placer.
Obediente retomé la tarea, comencé a pasar mi lengua por sus muslos lentamente hasta llegar a su húmeda y palpitante vagina una vez más.
Esta vez y sin hacer caso a lo que me decía, metí uno de mis dedos dentro de su coñito (como diría un español amigo mío) y continúe masajeando su clítoris con la lengua sin detenerme. Al llegarle el orgasmo, tomó una almohada y cubrió su cara, cosa que no ayudo mucho para amortiguar los gritos que daba.
Exhaustos, nos tiramos sobre la cama, aun tenía mi pene erecto, pero ella no parecía muy dispuesta a seguir.
-¿Te parece si nos damos un baño antes de seguir? Me siento algo sucia, he quedado toda transpirada
-Me parece bien- contesté
Una vez en la ducha, con el pretexto de jabonarnos, nos fuimos acariciando cada rincón de nuestros cuerpos, recién en ese momento pude apreciar en detalle la hermosura de su cuerpo. Ella cortó la llave del agua y mientras me secaba sentado sobre la taza del baño, se puso de rodillas frente a mí y tomando el pene entre sus manos, me lo acarició hasta ganar una erección. Acto seguido se sentó sobre mis de piernas abiertas y con la ayuda de su mano condujo el miembro hasta meterlo completamente dentro de su conchita, sus tetas quedaban a la altura exacta para poder chuparlas mientras me cabalgaba como una amazona poseída.
Con mi mano derecha busque su ano y lentamente empecé a jugar con mi dedo medio hasta lograr meterlo por completo, era posible sentir mi pene entrando y saliendo. Acabamos juntos, en un fuerte abrazo, jadeantes y exhaustos.
Hoy me recordé de Katherine por una llamada telefónica avisándome que se casa con Jaime la semana entrante, el mismo que le decía piropos obscenos en la oficina.
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